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OPINIÓN

Reflexión teológica feminista, urgente y contextual

Alejandra Burgos (*)

SAN SALVADOR – En estos últimos días hemos sido testigos de una situación que nos pone de cara a la realidad de la “justicia inhumana” y de la “moral desinformada” que prevalecen en la sociedad salvadoreña contra la vida y la salud de las mujeres. En nombre de “la ley”, a Beatriz una joven de 22 años, madre, enferma y pobre de nuestro país se le está  negando la urgente y necesaria interrupción de su embarazo, cuyo producto no tiene posibilidades de vida. En nombre de “la moral” y de la desinformada e irresponsable “lógica común”, mucha gente la ha juzgado.  Ante ello, considero necesario compartir algunas inquietudes sobre “la justicia”, “la moralidad” y “lógica” de quiénes juzgan y condenan a Beatriz.
La mayoría de argumentos contrarios al aborto que he leído y escuchado en estos días a parte de desinformados han sido de un corte religioso –bastante- deshumanizado para argumentar sobre “lo bueno”, “lo moral”, es decir, sobre “el deber ser” de las mujeres, de las leyes y de la medicina. Por ello, me ha sido imposible no pensar en varios pasajes bíblicos en los cuáles Jesús de Nazareth aparece contrario a “la moral” y a la ley de su época. He recordado al pasaje en que una mujer que llevaba doce años con una hemorragia es “sanada” rompiendo “las costumbres de la época”, es decir hizo lo que pocas personas estaban dispuestas a hacer: Buscó ayuda (en aquel caso de Jesús, que era lo más cercano a medicina alternativa de la época). Dicha mujer, rompió los esquemas sociales de la época, “lo establecido”, “la ley” y provocó horror incluso en la misma gente que iba con Jesús, y aquel Jesús, sin embargo  -ese mismo en el que mucha gente dice creer- no pareció tan espantado sino comprensivo de que ella buscará sanarse de una manera inusual pero que era la única opción que tenía en ese momento (Mc. 5, 24-35). Otra frase de Jesús que me ha resonado en estos días ha sido: “No se hicieron las personas para las leyes, sino las leyes para las personas” (Mc.2, 23-28), porque en el caso concreto de Beatriz para mucha gente es más importante la actual legislación salvadoreña -que en  el Art. 133 del Código Procesal Penal condena de forma absoluta el aborto- que la vida de la joven. Pareciera, que “Una vida”, triplemente marginada por ser: mujer, pobre y joven no tiene mucho valor para quienes desde una justicia y una moral deshumanizada están condenando a muerte a una joven madre y a la orfandad a un niño pequeño.

Entonces, me pregunto: ¿Si la mayoría de la gente dice ser ética y moral, y creer en el mismo Dios de Jesús por qué sus argumentaciones parecen estar tan alejadas de aquel a quién le importaba más la vida que las leyes y las costumbres de su época? ¿Qué clase de “justicia” es aquella que condena a una mujer inocente y a un niño pequeño a vivir sin su madre? ¿Qué tipo de “moral” se atribuye la capacidad de juzgar a una mujer cuyo único delito es querer vivir para continuar con su proyecto de vida y poder criar a su hijo? ¿Qué pasaría si Beatriz fuera su hija, su hermana, su esposa o usted misma, la condenarían a morir y la seguirían juzgando por querer vivir?

(*) Teóloga y colaboradora de ContraPunto

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