Viernes, Agosto 18, 2017
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OPINIÓN

En la UES otra rectora es posible.

Publicado en ContraPunto

Por: Angélica María Rivas Monge

La Universidad de El Salvador fundada en 1841 por medio de un decreto del poder constituyente de la época, es la única universidad pública del país y constituye el principal centro de formación superior. Como entidad autónoma cuenta con un ordenamiento jurídico y administrativo propio, esto data del año de 1950. Esta Autonomía implica la posibilidad de elegir a las propias autoridades a nivel académico y administrativo.

Las mujeres han estado presente en el ir y venir de la existencia del Alma Mater, principal mención merece Antonia Navarro la primera mujer que en 1889 se gradúa como doctora en Topografía, no solo transgredió el estatus quo de la época al atreverse a estudiar a nivel superior, en un momento de la historia donde las mujeres aquellas que tenían el privilegio de tener acceso al derecho a la educación no lograban terminar los estudios básicos.

En relación al derecho al voto en El Salvador, se estableció para las mujeres en una forma regulada en la Constitución de 1939, en este periodo sólo podían emitir el sufragio si estaban casadas y eran mayores de 30 años, o las señoritas, que lo comprobaran, mayores de 27 años. El año de 1950 representa avances significativos, al normar en la constitución de esa época el derecho al voto sin restricción de sexo, observando mayor interés de las mujeres para participar en política.

En 1930 en un contexto donde las mujeres no tenían el derecho al voto, la salvadoreña Prudencia Ayala lanzó una candidatura independiente para la presidencia de la Republica, esta la primera y única mujer en la historia de El Salvador candidata a la presidencia nacida en 1895, originaria del municipio de Sonsácate en el departamento de Sonsonate, puso al estado a prueba realizando uno de los hechos más heroicos de la época, esto la llevó a recibir no sólo una serie de críticas por tan osada actitud, sino burlas del más significativo tono como de tacharla de “loca”. El hecho que su candidatura fuera declarada como era de esperarse inconstitucional por la Corte Suprema de Justicia, no desmerita la total legitimidad de su acción, trastocando al estado salvadoreña en su máxima expresión de discriminación hacia las mujeres.

En la Universidad de El Salvador la máxima autoridad ejecutiva es la figura de la rectoría, que ha tenido en las últimas semanas la atención puesta precisamente en una mujer, la Maestra Ana María Glower, que en un acto como el de Prudencia Ayala, osó trastocar el sistema, postularse como candidata y obtener un gane contundente por parte de todos los sectores, lo que la ha llevado a perfilarse como candidata única para la rectoría.

Para la vida nacional es sumamente trascendental que mujeres como Prudencia Ayala, María Isabel Rodríguez y la Maestra Ana María Glower tenga el foco público sobre sus actos, esta acción envía un mensaje al imaginario social y sobre todo envía un mensaje a niñas, adolescentes, y en este último caso a las estudiantes universitarias, que es legítimo el derecho de las mujeres a decidir sobre los asuntos públicos.

Sin duda el revuelo por la candidatura de la maestra Glower obedece a la reacción del patriarcado instaurado en las raíces más profundas de la Universidad y de sus cuerpos de dirección y todos los recursos interpuestos para imposibilitar el anhelo de esta académica de ser rectora, simboliza la manera “legal” o “ilegal”, pero sin duda ilegitima de obstaculizar el avance de los derechos de las mujeres en la comunidad universitaria.

Detrás de Prudencia Ayala habían otras mujeres que compartían su sentir, así hoy detrás de la participación política de las mujeres en la Universidad de El Salvador existimos muchas mujeres y hombres también que defendemos el derecho de las mujeres no sólo a la participación política sino al derecho a la igualdad y no discriminación.

Adelante maestra Glower y más mujeres universitarias, académicas que tienen aspiraciones de formar parte de los espacios de dirección, a las mujeres nos asiste el derecho a no pedir permiso para soñar y anhelar que otro mundo de justicia social, de equidad, de igualdad y de democracia es posible.