Viernes, Agosto 18, 2017
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OPINIÓN

Mujeres torturadas en El Salvador

Julia Evelyn Martínez (*)

SAN SALVADOR – El  Relator Especial de Naciones Unidas sobre la Tortura, y otros Tratamientos o Castigos Crueles, Inhumanos o Degradantes”,  presentó  ante el 22º período de sesiones del  Comité de Derechos Humanos (DDHH) de ese organismo,  un informe sobre la situación de la tortura en el mundo, en donde denuncia diferentes formas de tratos crueles que las mujeres reciben en los entornos de salud en diversos países (A/HRC/22/53).

Este informe concluye que,   cuando un sistema de salud niega el  aborto terapéutico a una mujer que lo necesita para salvar su vida,  este sistema de salud comete un acto de crueldad contra esa mujer. Asimismo se señala que cuando un Estado  prohíbe legalmente todas las formas de interrupción de embarazo o  cuando manda a la cárcel  a mujeres que acuden a los hospitales a recibir servicios de salud para no morir por las consecuencias de un aborto inseguro, ese Estado  está quebrantando la obligación legal o  moral que han adquirido frente a la  comunidad internacional, de prohibir la tortura.
Como es sabido, El Salvador desde 1998 es parte de los países que prohíben todas las formas de interrupción del embarazo (incluyendo el aborto terapéutico) y encarcelan a mujeres hasta por 30 años por practicarse un aborto, sin importar los motivos que les llevan a practicárselo. En consecuencia, y de acuerdo al Informe del Relator Especial sobre la Tortura, en  El Salvador no solo se cometen tratos crueles contra las mujeres sino que se les  tortura por este motivo.

Estos nuevos señalamientos del Relator Especial sobre la Tortura se añaden a las conclusiones del Comité de DDHH de la ONU en octubre de 2010 sobre la grave violación a los DDHH que se comete en El Salvador al penalizar todas las formas de interrupción del embarazo. En esa misma oportunidad, el mismo comité hizo una solicitud  a El Salvador de  tomar medidas para impedir que las mujeres que acuden a los hospitales públicos sean denunciadas por el personal médico o administrativo por el delito de aborto, y para gestionar la suspensión temporal de las  incriminaciones  por el delito de aborto contra mujeres y contra personal médico, mientras no se revise la legislación vigente.

Frente a estos informes y recomendaciones se ha optado por la estrategia de  guardar  silencio, negándose a asumir la responsabilidad que tienen con los derechos de las mujeres, en especial con  el  derecho de no morir por un embarazo.  En su lugar han tomado el camino fácil de trasladar la responsabilidad a otras instancias y/o de desviar la atención  hacia  aquellos  otros  “temas de mujeres”  que sí  gozan de la aceptación general en la agenda mediática (violencia intrafamiliar, programas sociales, microcréditos, emprendedurismo)  y que no ponen en riesgo sus  alianza con las Iglesias conservadoras ni representan  amenazas a  su  popularidad en las encuestas de opinión.

Sin embargo, más tarde o más temprano, la realidad termina por mostrarle al mundo el trato cruel y la tortura a la que son sometidas las mujeres en El Salvador: Beatriz, una joven mujer de 22 años,  un embarazo de 18 semanas, que sufre un cuadro de Lupus Eritematosos Discoidea agravado con, nefritis, que se encuentra en el Hospital de Maternidad en riesgo de muerte si continua con su embarazo, que ha sido detectado como anencefálico.  El personal médico de este hospital se niega a practicarle este procedimiento por miedo a ser inculpados por complicidad en el delito de aborto.

Todo esto sucede frente al ya tradicional silencio de la Presidencia de la República, la Ministra de Salud, el ISDEMU, el Grupo Parlamentario de Mujeres,  la Procuradora  General de la República  y de los honorables magistrados de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia. Pero también transcurre   ante la indiferencia y la pasividad de  cientos de miles de buenas personas, hombres y mujeres,  que desde diferentes espacios y organizaciones  luchan por la causa de los DDHH, la justicia y la paz en nuestro país.

El Mahatma Gandhi decía que no le asustaban las malas acciones de la gente mala sino la indiferencia de la gente buena. ¿Qué esperan gentes buenas para salir de su indiferencia y salvar esta vida? ¿Es qué creen que la muerte de Beatriz no terminará por inculparnos a todos y a todas  por nuestra pasividad y por nuestro silencio en estos momentos cruciales?

(*) Columnista de ContraPunto